Por: Yanet Méndez

El culto a la personalidad como fenómeno político surgió en Rusia con Lenin. Los políticos megalómanos se dieron cuenta que apelar a los sentimientos y emociones crea vínculos de identidad con los ciudadanos. Ejemplo, Hitler y su nacionalsocialismo, los Perón como guías espirituales de la nación, Chávez y el espíritu de Simón Bolívar sobre él.

Todos prometieron devolver al pueblo lo que supuestamente pertenece al pueblo. A través del sentimiento nacionalista, de expropiar, de cobrar altos impuestos, de encarcelar y matar a los que se oponían. También regalaron dinero a través de ayuda social. Evita Perón le llamó justicialismo, Chávez y su socialismo del siglo XXI le llamaron justicia social.

«La megalomanía es una condición psicopatológica caracterizada por fantasías delirantes de poder, relevancia, omnipotencia y por una hinchada autoestima.»

R. Kayne

El culto a la personalidad se crea a través de los rituales de interacción emocional, es decir, los ciudadanos se identifican con el político megalómano, éste les promete devolver lo que otros le robaron por años, promete dignificarlo, promete que los políticos malos pagarán por todo el daño que les hicieron.

Luego, llega la ayuda social y el ciudadano siente que este personaje político es casi un dios en la tierra, pues el mensaje tocó su corazón y ahora lo ve hecho realidad: ahí tiene su despensa, su pensión, ahí tiene el dinero que el político le prometió para reparar todo el daño que otros le hicieron.

El mensaje de los Bolcheviques fue simple, “La tierra para el que la trabaja” y “las empresas para los trabajadores”, con Stalin esto fue una gran mentira, la tierra y las empresas pasaron a manos del Estado. Fuente: https://www.diariodealmeria.es/opinion/tribuna/culto-persona_0_1254174989.html

Así, no importa qué tanta incongruencia pueda existir alrededor del político megalómano, pues sus súbditos lo veneran, ya tienen la conexión de un ritual de interacción emocional. Este fenómeno se está presentado en la Cuarta Transformación, y claramente, el líder mesiánico que reinvidicará al pueblo es el Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador.

¿Por qué sucede eso?

Es sencillo, los políticos y los intelectuales se han encargado de decir que el gobierno no sólo debería hacerse cargo de la seguridad, justicia y obras públicas, sino que debería satisfacer las necesidades de los menos favorecidos. Pero ese discurso es una trampa, tiene doble filo: en realidad, lo que lograron fue darle más poder al aparato gubernamental para controlar a los individuos. Los personajes mencionados al principio del artículo asesinaron en nombre del bien común, se volvieron tiranos y arruinaron la economía más o menos estable de esos países.

Gran parte de la población, incluyendo a personas de todos los deciles sociales pero principalmente los menos favorecidos socioeconómicamente, creen ciegamente en el político, están ahí, esperando a su líder, a su nuevo redentor, con ansias de escuchar un mensaje de esperanza, no importa que sea mentira. Siente tranquilidad, al saber que alguien le da una palmada en la espalda.

El pueblo menos preparado no sabe que los políticos que prometen cosas gratis, devolver al pueblo lo que le robaron, devolverles la dignidad; ¡son unos farsantes! pues este redentor necesita dinero para cumplir con sus promesas y tiene dos opciones; 1) cumplir y hacer que la economía del país se vuelva una bomba que explotará en cualquier momento; o 2) quedar como un político más con promesas incumplidas.

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