Bukele y la “renovación” de la política salvadoreña

Por: José Emmanuel y Marco Campos-Alarcón

¿Quién es Nayib Bukele?

11 de marzo de 2012, los salvadoreños acuden nuevamente a las urnas para elegir diputados a la Asamblea Legislativa y las autoridades municipales en 262 municipios del país. Una elección atípica en el contexto de las sentencias en materia electoral que fueron emitidas por la Sala de lo Constitucional de la Corte Suprema de Justicia y que permitieron a los ciudadanos elegir de forma directa a los diputados e incluso la participación en el proceso de candidatos independientes no partidarios. Sin embargo, con la atención centrada en la conformación de la aritmética legislativa tras las divisiones internas en la principal fuerza de oposición (Alianza Republicana Nacionalista, derecha) y en el premio mayor que siempre ha supuesto para los partidos políticos la alcaldía de San Salvador (en ese momento en manos de ARENA, Norman Quijano), el triunfo de un joven político de izquierda en una pequeña villa en las afueras del Área Metropolitana de San Salvador pasó completamente desapercibido.

Es aquí cuando comienza el meteórico ascenso de Nayib Bukele dentro de la estructura política salvadoreña, abanderado en su primer momento por el oficialista Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (izquierda), desarrollando una gestión municipal altamente mediática a través de inversiones importantes en infraestructura social financiada fundamentalmente con préstamos a la banca privada (según el Instituto Salvadoreño de Desarrollo Municipal, ISDEM, la comuna aumentó su deuda con las entidades financieras de US$ 1’211,954 a US$ 5’073,000 entre 2011 hasta 2015, cuando Bukele finalizó su mandato).

Así, a pesar de las precarias condiciones financieras de la municipalidad (incluidas la mora con distribuidoras de energía eléctrica y el arrendatario del inmueble que albergaba las oficinas de la alcaldía) la gestión de Bukele había generado un alto índice de aceptación no solo a nivel local sino también nacional, lo que llevó a su partido FMLN a postularlo para intentar recuperar la alcaldía capitalina por primera vez desde 2009.

Bukele enfrentaba en marzo de 2015 al diputado Edwin Zamora quien aspiraba a sustituir al anterior alcalde Quijano, derrotado en la presidencial del año anterior, y partía con una sustancial ventaja en los sondeos de preferencia y que se confirmaron el 1 de marzo de dicho año; así, comenzaba una gestión en la municipalidad más importante del país y para la cual había prometido una gestión transparente y eficiente bajo el programa Una obra por día, que buscaba cambiar por completo el rostro de la ciudad. Apoyado en el aparato mediático que le rodeaba, Bukele, con grandes proyectos de renovación de plazas y otros espacios públicos, comenzaba a formar una imagen presidenciable que no sería opacada ni por las continuas acusaciones a su entorno de realizar ataques cibernéticos contra los medios informativos tradicionales (La Prensa Gráfica en 2015) y mucho menos por la eventual expulsión de su partido bajo cargos de violencia contra la mujer (agresión a la síndico municipal Xochilt Marchelli en 2017).

Incapaz de participar en la elecciones municipales de 2018 al haber sido expulsado luego de las elecciones internas de los partidos políticos, Bukele comienza una campaña de creación de su propio movimiento ciudadano, Nuevas Ideas, con miras a participar en las elección presidencial de 2019. Sin embargo, los plazos establecidos por la ley electoral le imposibilitarían participar bajo la bandera de su propio movimiento, y a buscar la candidatura en partidos políticos minoritarios de izquierda hasta finalmente calar en uno de los socios políticos del FMLN a lo largo de sus casi 10 años de gobierno, la Gran Alianza para la Unidad Nacional (GANA, centro derecha) que se había constituido originalmente con miembros separados de ARENA tras la derrota electoral de 2009 y quienes habían apoyado en la elección de 2014 al expresidente y empresario Elías Antonio Saca.

Contexto político

La política salvadoreña ha estado tradicionalmente conformada por dos bloques ideológicamente antagónicos, con pocos espacios para que partidos minoritarios puedan acceder a la presidencia del país. Los procesos personalistas tampoco han tenido un gran éxito cuando la preferencia de los electores tradicionalmente ha favorecido las ofertas de los partidos políticos por encima de las credenciales o propuestas de los candidatos. Tras los Acuerdos de Paz en 1992 que introdujeron a la guerrilla de izquierda en la vida política, el bipartidismo entre la anticomunista ARENA y el FMLN había sido la tónica con partidos bisagras (PCN, PDC, GANA) que garantizaron la gobernabilidad en sus distintos mandatos.

Las políticas liberales introducidas en los primeros mandatos de ARENA (privatización de la banca, de las pensiones, telecomunicaciones) fueron percibidas con el paso del tiempo como beneficiosas únicamente para las élites económicas y como sucesos en los que se ponía en evidencia la corrupción galopante de las administraciones del partido; el hecho de que tanto los expresidentes Francisco Flores (1999-2004), Antonio Saca (2004-2009) y Mauricio Funes (2009-2014) fueran procesados por cargos de corrupción también generaron una desconfianza hacia la clase política, por no enumerar los procesos judiciales contra funcionarios de esas administraciones y otras anteriores.

Así mismo, el bajo crecimiento económico tras la crisis financiera de 2008, los niveles de desempleo y subempleo, y en un grado importante la crisis de seguridad originada por el accionar de grupos delincuenciales organizados (pandillas, narcotráfico) y que nace en el período de posguerra, resultan en caldo de cultivo ideal para que un político como Bukele, expulsado del partido oficialista y siempre crítico de la derecha liberal, pueda encauzarla en su carrera política.

La ruptura del modelo político bipartidista ha sido el primer logro de Bukele, algo que él mismo ha catalogado como “histórico”, pero que lo pone en una situación bastante complicada de cara a su relación con el poder legislativo, hasta las elecciones de 2021, donde su actual partido es la tercera fuerza (10 diputados de 84) muy lejos de los necesarios para tener mayoría absoluta (43, para la aprobación de impuestos) y más aún de la mayoría calificada (56, para el acceso a deuda).

Reunión de del presidente electo de El Salvador, Nayib Bukele con el presidente Andrés Manuel López Obrador en Palacio Nacional. Fuente: Noticias Enfásis.

¿Qué esperar de Bukele?

Durante la campaña electoral Bukele fue duramente criticado por los analistas políticos al no presentar un plan de gobierno claro más allá del anuncio de enormes proyectos de infraestructura o programas sociales cuya viabilidad técnica o fuentes de financiamiento era igualmente vago o desconocido por completo.

En materia ideológica, el mismo Bukele se ha denominado como pragmático: lo cual perfectamente se puede ver en el discurso que lo ha acompañado desde su etapa en el FMLN, pero que ha ido suavizando una vez se distanciaba del mismo con respecto a la empresa privada, relaciones exteriores y políticas públicas. En el discurso que brindó a The Heritage Foundation como presidente electo durante su visita a Estados Unidos el 13 de marzo, Bukele declaró compartir principios con este tanque de pensamiento conservador como la libertad económica y el gobierno limitado, pero dichas declaraciones se encuentran poco fundamentadas en sus discursos previos o incluso sus políticas como alcalde municipal durante sus mandatos en Nuevo Cuscatlán y San Salvador.

Respecto al combate a la corrupción, Bukele se ha mostrado favorable a la conformación de una Comisión internacional contra la impunidad (similar a la que opera en Guatemala) para fortalecer el combate a la corrupción, aunque en su entorno más cercano las opiniones resultan dispares e incluso formulan la necesidad de que esta se encuentre en un nivel mayor que las instituciones constitucionales salvadoreñas.

En política exterior ha sido enfático en que no compartirá las líneas de la izquierda, esencialmente ante las situaciones política venezolana (donde podría reconocer a Juan Guaidó como presidente interino) y nicaragüense, cuyos abusos contra la población civil ha condenado en varias oportunidades; también ha afirmado una disposición a mejorar la relación bilateral con Estados Unidos y revisar el reconocimiento diplomático que el FMLN hizo a la República Popular de China en detrimento de la República de China (Taiwán). Sin embargo, es interesante la dinámica que pueda desarrollar con el gobierno de López Obrador en materia de seguridad e inmigración, como se pudo ver en su primera visita como presidente electo por México y Estados Unidos en la cual se comprometía a frenar el flujo migratorio que ha sido constante desde la Guerra Civil y que ha sido duramente criticado por Donald Trump.

Finalmente su relación con los otros poderes del Estado salvadoreño será interesante, particularmente cuando su gestión como alcalde de San Salvador se encuentra señalada por irregularidades en contratos de servicios prestados la comuna y proyectos emblemáticos. Importante es hacer énfasis en los procesos abiertos en su contra durante el período electoral, el primero de ellos por calumnia y que saldó admitiendo su responsabilidad junto al pago de 50 mil dólares en concepto de compensación por daños morales; y el segundo aún pendiente de sentencia por expresiones de violencia a la mujer cometidas contra la exsíndica de la alcaldía de San Salvador, Xochilt Marchelli.

¿Qué esperar de la oposición política?

El actuar de los dos partidos mayoritarios podría verse bastante condicionado a la posibilidad de que la popularidad de Bukele pueda extenderse a los candidatos de GANA y Nuevas Ideas en las elecciones legislativas y municipales de 2021; por lo que aunque posean entre ambos la mayoría suficiente como para bloquear muchas de sus iniciativas, la presión mediática que ha ejercido desde sus comienzos políticos y especialmente durante las campañas electorales, influya en que la oposición se someta a las propuestas de ley que puedan afectar notablemente su popularidad.

Desde el punto de vista del Estado de Derecho, la constitución salvadoreña resulta en una garantía de oposición a herramientas tradicionales del populismo en América Latina (reformas constitucionales, referendos, reelección indefinida) puesto que su reforma requiere de correlaciones aritméticas favorables durante dos mandatos legislativos consecutivos.

(*) Miembros de Estudiantes por la Libertad El Salvador. Este artículo expresa únicamente la opinión de los autores y no necesariamente la de la organización en su totalidad.

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