Por: Aldo Sainz

Presunto magnicidios, presunto desabasto de combustible, presuntos datos erróneos, presuntos megaproyectos sustentables que devastarán el Corredor Biológico Centroamericano, presunta corrupción abundante, y, sin embargo, ninguna imputación. Han transcurrido 101 días del gobierno de las presunciones.

Sin embargo, ninguna ha sido tan grave como la recientemente expuesta: posicionar a la unidad nacional como más importante que los derechos humanos de un grupo social, en este caso, las mujeres y su facultad de decidir sobre su cuerpo.

Trascendiendo las opiniones individuales sobre el tema en cuestión, las crítica inicial va dirigida hacia la manera en la que el gobierno pretende evadir un asunto tan polémico como lo es el aborto a nivel nacional: mediante una de sus consultas gansito.

Para un gobernante, es la más abyecta de las prácticas no tomar una postura firme y escudarse en el ochlos de Polibio*; la muchedumbre viciada a la opinión de un dador de dádivas.

Para verdaderamente gobernar es necesario dejar de señalar la paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el propio y comenzar a ser coherente en los hechos.

Esto es atribuible al temor del presidente de ocasionar una fractura en su partido con base en posturas sobre asuntos controversiales. Mas resulta irónica la raíz de esto: la variopinta composición de su partido por haberlo conformado al vapor.

Así, tenemos que México es un país de muchas Morenas: la Morena que en boca del presidente respeta los derechos de todos los ciudadanos y la Morena que en Nuevo León condena la normalización de la homosexualidad y se une al PAN en Edomex para prohibir los matrimonios igualitarios; la Morena que busca legalizar el aborto en SLP a partir de una iniciativa de Pedro Carrizales “El Mijis”y la Morena que pretende prohibirlo terminantemente a nivel nacional, a partir de Lilly Téllez, senadora por Sonora.

El presidente busca evadir la responsabilidad de su partido ideológicamente disperso para conducir la política nacional, en un tiempo en el que tiene una amplia mayoría a nivel federal y en prácticamente todos los congresos locales sujetos a un proceso electoral en 2019.

Este es un asunto que debe llevarse a las cámaras, no a las urnas improvisadas y sin estándares mínimos de control.

Sin embargo, si el gobierno se dice a favor de los derechos humanos, no debe de turnarlo al congreso para discutirlo, sino para legislar sobre la reglamentación del aborto. Todo ello por un dictamen de la Organización de las Naciones Unidas, que ha llamado a las prohibiciones categóricas al aborto como “violaciones a los DDHH de las mujeres” (Amnistía Internacional, 2019, párr. 3).

No existen más excusas. No se trata de que el PRIAN haya sobornado a las Organizaciones de las Naciones Unidas para desestabilizar el gobierno de AMLO.

*Polibio llamó "oclocracia" al fruto de la acción demagógica: "Cuando ésta [la democracia], a su vez, se mancha de ilegalidad y violencias, con el pasar del tiempo, se constituye la oclocracia" (Historias, VI, 4). 

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